Más concretamente en estos años se han multiplicado los canales y plataformas de comunicación, y el consumidor está sometido a un estímulo constante y excesivo. Es debido a estos cambios que se ha hecho más evidente la necesidad de estructurar historias y  ofrecer contenidos potentes para captar su atención. De ahí el auge de técnicas capaces de aportar un valor diferenciador y experiencial como el marketing de contenidos o el storytelling, el arte de contar historias y conectar emocionalmente.

El storytelling no es nuevo ni nació en este siglo. Es tan antiguo como el hombre y la tradición oral, aunque se le dio forma como técnica de marketing en los años 90, se trata de la transformación de ideas en historias a través de los sentidos, recuerdos, emociones y sensaciones para, poco a poco, influir en el consumidor. No es de extrañar que en el sector se hable continuamente de este “fenómeno” y que incluso La Asociación de Empresas Consultoras en Relaciones Públicas y Comunicación (ADECEC) haga énfasis en que se trata de una ‘técnica para contar historias que traslada los valores de una compañía, marca o producto y que conecta con su público objetivo’.

Con estos precedentes se ha gestado una forma más emocional de contar historias y que ha encontrado en las nuevas tecnologías un aliado para enriquecer la experiencia del consumidor.

El storytelling es un recurso cada vez más utilizado por las marcas para llegar a sus audiencias. Debemos comenzar por tener claro qué queremos contar, identificando el objetivo de la marca. La historia debe reflejar la personalidad y los valores a los que quiere asociarse, además de adaptarse a los gustos e intereses de su público objetivo.

Existen diversos tipos (drama, aventura, intriga,…) y tonos (humor, diversión, cotidiano…) pero lo importante es generar una conexión emocional y conseguir que el público se identifique. Las historias deben ser fáciles de compartir, deben fomentar la participación e involucrar al consumidor y, hay que llevarlas a otros canales para ofrecer una experiencia 360.

Así, por ejemplo, es más que común en la actualidad que se haga una película basada en un libro, peor hay que ir más allá, para que la historia se convierta en un acontecimiento que mueva masas dependemos, muchas veces, de las puertas que abre el storytelling transmedia. Este es el caso de la saga de los Juegos del Hambre.

Desde 2008 la historia lleva cautivando a grandes y pequeños, pero el verdadero éxito de la trilogía llegó con la experiencia 360 creada en torno a la misma. Desde su versión como un  audiolibro y un juego exclusivo para Facebook, hasta el lanzamiento de una app y la apertura de una web especializada en el tema.

Pero el fenómeno no se detiene ahí; los productores han sabido aprovechar la expectativa creciente ante el estreno de la última película el próximo 27 de noviembre; la excusa perfecta pata llevar a cabo diversas acciones; desde publicaciones mundiales, como el de la futura apertura de un parque temático en Dubai, hasta acciones más locales con juegos de rol en vivo para fans.

Gracias a los diversos canales empleados, Los Juegos del Hambre se han convertido en todo un éxito que ofrece una experiencia que acerca al público a una historia fantástica con emociones reales.

Las historias deben seguir una estructura sencilla de planteamiento, nudo y desenlace aunque después haya diversas formas y medios para contarlas. Lo que garantiza el éxito es que sean auténticas, creíbles y que establezcan un vínculo emocional con la audiencia a la que se dirigen, lo que se produce cuando se conoce profundamente al consumidor y se cuenta una historia que roza su universo más cercano. A todos nos gustan las buenas historias y por ello los comunicadores hacemos del storytelling nuestro día a día.

Marta Velasco, directora de cuentas de consumo de Cohn & Wolfe.