José María Aznar
José María Aznar

Hace muchos años un elocuente y locuaz directivo y amigo me soltó una curiosa afirmación: “en nuestra profesión existen tres clases de profesionales… los buenos publicistas, los paquetes, y los que saben hablar bien inglés”.

Bueno, aunque ya lo es menos, parece que ese rasgo diferencial va a dejar de ser un key point. Porque una vez más, la tecnología va a profundizar en la globalización dándonos la oportunidad de comunicarnos directamente con cualquier ciudadano del mundo.

Así, por ejemplo, con unos pequeños auriculares con un micrófono que se conectan inalámbricamente con el similar de tu interlocutor, y que hacen que directamente escuches la traducción de lo que él dice, y, al contrario. O altavoces inteligentes que conectados a tu equipo te procuran una conference call con traducción simultánea.

Aparatos como estos serán de uso habitual en un futuro no muy lejano. Pero el gran avance no va a estar en ese hardware, ni siquiera en los desarrollos fonéticos para la reproducción de la voz. Ambos aspectos están ya muy conseguidos. Sino que el gran reto está aún en el análisis semántico y sintáctico. Es decir, en saber huir de la traducción literal, en identificar la ironía, en conocer el lenguaje de la calle, y en manejar incluso recursos literarios como elipsis, hipérboles, etc. Jeje, y si uno piensa en lo que ahora tenemos más a mano (Google Traductor), parece que hablo de ciencia ficción, ¿verdad?

El gran reto de la inteligencia arificial está aún en el análisis semántico y sintáctico

Pero no tanto. José María, en nombre de la Inteligencia Artificial y con tonada gringa, te responde: “estamos trabajando en ello”.

Que la cosa viene para acá no es marcarse un Julio Verne, precisamente. Pero la gran pregunta es: después de la quiebra de Kodak, del cierre de los vídeo-clubes, de la próxima desaparición de los conductores (que no vehículos) de taxi y VTC, … ¿para cuándo podrás dejar de tomar las clases de inglés del medio día y así comer con tus colegas de oficina?

Pues la cosa no está clara, afortunadamente no estará preparado para que Trump y Kim Jong-un prueben la versión beta en su próxima reunión de finales de mes, porque semejantes cowboys con un “pinganillo” no muy afinado podría acabar en la 3ª, y the last one (y no hablo de Star Wars precisamente). Pero lo que es probable es que mis nietos no estudien otros idiomas en el colegio. Seguramente el estudio de otras lenguas se convierta en un hobby. O quizás algo ligado sólo a lingüistas y profesionales de la traducción que a su vez trabajarán para compañías de software, validando el trabajo que hará la propia Inteligencia Artificial con el análisis de megadatos.

Bien, y todo esto, además de transformar algún sector económico y los planes de estudio… ¿qué más propiciará? Pues ni más ni menos que facilitarnos aún más el poder trabajar con cualquier lugar del mundo.

Ahora que la política tiende a poner fronteras, la tecnología nos empuja hacia el lado contrario. Bonita paradoja.