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Varios
Autorregulación digital
02 Mayo 2012Por David Torrejón
La rapidez con que se desarrolla y arrolla cada nuevo avance digital trae aparejada, lo sabemos por experiencia, una oportunidad para quienes quieren sacar partido de él de forma no muy limpia. No me voy a referir a estafas, fraudes y similares, sino a esa frontera donde la autorregulación podría aportar un granito de arena en el propio beneficio del medio. Citaré tres ejemplos muy diferentes.
Códigos QR, bidi y demás familia. El usuario tiene que molestarse en desenfundar su móvil, buscar la aplicación, arrancarla, enfocar el código para encontrar…¡una página web! Eso ocurre en la inmensa mayoría de las ocasiones. Resultado probable: a la tercera experiencia semejante, el usuario se olvidará de los famosos códigos. Lo normal sería que el usuario supiera qué va a conseguir con el esfuerzo que se le está pidiendo. “Accede a…”, “descarga aquí el…”. No sería tan difícil adoptar esa norma y se preservaría el medio.
Muerte por aplastamiento de notas de prensa. En este caso no tengo muy claro si la mala práctica se produce por una novedad tecnológica o por otras razones (falta de profesionalidad, imposición de clientes, etc.), pero lo cierto es que los periodistas estamos sometidos a una auténtica tortura en forma de notas de prensa inservibles. Perdemos un precioso tiempo y seguro que, en nuestro enfado, liquidamos a los remitentes más pelmazos sólo con reconocerlos justo ese día en que nos están enviando algo al ¬fin de nuestro interés. Algunos ejemplos de esta semana: una nueva franquicia de establecimientos depilatorios, en Argentina; la nueva terraza de un restaurante con dos estrellas Michelín (el tipo de sitio donde almuerza todo periodista que se precie), una nueva gama de impresoras. Estas notas de prensa, unidas a los mensajes publicitarios inasequibles a los procedimientos de baja, hacen nuestra
vida un poco más difícil de lo que ya es.
Las malas prácticas en las redes sociales. Yo era perfectamente consciente de que había actividad de unas marcas contra otras en la blogosfera y los sitios de consumidores. Era cuestión de un ratito que eso se trasladara a las redes sociales. Un artículo publicado hace poco en El País (“Comprando seguidores a saldo”), ponía al descubierto esta y otras prácticas que amenazan la credibilidad de las redes sociales. Es cierto que hay un cierto interés en la prensa tradicional por aprovecharse de los problemas de un nuevo medio emergente y competidor, pero lo que explicaba de empresas que facturan “me gustas” a partir de sus granjas de seguidores falsos resultaba muy preocupante. Un poco de autorregulación no vendría mal.
David Torrejón es director editorial de Publicaciones Profesionales
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