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Héroes del 2-J

13 Junio 2012Por Antonio Pacheco

Un autobús llega a Perú (Nebraska), un pueblo de 500 y pico habitantes que, a primera vista, parece el Puerto Hurraco norteamericano. Se bajan distintas personalidades del famoseo peruano: cocineros, artistas, deportistas… El cocinero Christian Bravo comienza a leerles sus derechos: como peruanos, tienen derecho a comer rico. Gratísimas degustaciones de ceviche, etcétera, regadas con Inka Kola, e incluso un intento (infructuoso, yo diría) de que el sheriff local cambiase sus donuts por picarones. Después hacen surf en seco con una lona-ola, bailotean al ritmo de Perú Negro… disfrutan de lo que disfrutan los peruanos.

Una chica entra a una habitación muy blanquita con dos niños. Los sienta a una mesa en la que hay dos cubreplatos. Les dice que vayan merendando. La chica se va y los niños destapan el cubreplatos: uno tiene un sándwich y el otro, no. ¿Qúe hacen los niños? El que tiene el sándwich le da la mitad al otro. Bueno, la mitad si el sándwich viene precortado, si no estamos hablando de un 70-30, 65-35, aproximadamente. Si compartimos, podemos alimentar a todo el mundo.

Un autobús llega a Perú (Nebraska), un pueblo de 500 y pico habitantes que, a primera vista, parece el Puerto Hurraco norteamericano. Se bajan distintas personalidades del famoseo peruano: cocineros, artistas, deportistas… El cocinero Christian Bravo comienza a leerles sus derechos: como peruanos, tienen derecho a comer rico. Gratísimas degustaciones de ceviche, etc. regadas con Inka Kola, e incluso un intento (infructuoso, yo diría) de que el sheriff local cambiase sus donuts por picarones. Después hacen surf en seco con una lona-ola, bailotean al ritmo de Perú Negro… disfrutan de lo que disfrutan los peruanos.

Una chica entra a una habitación muy blanquita con dos niños. Los sienta a una mesa en la que hay dos cubreplatos. Les dice que vayan merendando. La chica se va y los niños destapan el cubreplatos: uno tiene un sándwich y el otro, no. ¿Qúe hacen los niños? El que tiene el sándwich le da la mitad al otro. Bueno, la mitad si el sándwich viene precortado, si no estamos hablando de un 70-30, 65-35, aproximadamente. Si compartimos, podemos alimentar a todo el mundo.

Un autobús llega a Perú (Nebraska), un pueblo de 500 y pico habitantes que, a primera vista, parece el Puerto Hurraco norteamericano. Se bajan distintas personalidades del famoseo peruano: cocineros, artistas, deportistas… El cocinero Christian Bravo comienza a leerles sus derechos: como peruanos, tienen derecho a comer rico. Gratísimas degustaciones de ceviche, etc. regadas con Inka Kola, e incluso un intento (infructuoso, yo diría) de que el sheriff local cambiase sus donuts por picarones. Después hacen surf en seco con una lona-ola, bailotean al ritmo de Perú Negro… disfrutan de lo que disfrutan los peruanos.

Una chica entra a una habitación muy blanquita con dos niños. Los sienta a una mesa en la que hay dos cubreplatos. Les dice que vayan merendando. La chica se va y los niños destapan el cubreplatos: uno tiene un sándwich y el otro, no. ¿Qúe hacen los niños? El que tiene el sándwich le da la mitad al otro. Bueno, la mitad si el sándwich viene precortado, si no estamos hablando de un 70-30, 65-35, aproximadamente. Si compartimos, podemos alimentar a todo el mundo.

Un autobús llega a Perú (Nebraska), un pueblo de 500 y pico habitantes que, a primera vista, parece el Puerto Hurraco norteamericano. Se bajan distintas personalidades del famoseo peruano: cocineros, artistas, deportistas… El cocinero Christian Bravo comienza a leerles sus derechos: como peruanos, tienen derecho a comer rico. Gratísimas degustaciones de ceviche, etc. regadas con Inka Kola, e incluso un intento (infructuoso, yo diría) de que el sheriff local cambiase sus donuts por picarones. Después hacen surf en seco con una lona-ola, bailotean al ritmo de Perú Negro… disfrutan de lo que disfrutan los peruanos.

Homenaje
Quede esta columna como sentido recuerdo-homenaje a los valerosos asistentes a la ceremonia de entrega de los premios El Sol 2012, que aguantaron durante casi 4 horas y media pasando calamidades psicológicas sobre el parquet de Miribilla. #sielfestivaltiene151623categoriasnorepitamoslosvideocasos.

(Nota del redactor: estas dos campañas no merecen cinco, sino 55 premios. Especialmente la de Experimento Comparte, de la que soy muy fan.)

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