Su poder es bien conocido por todos ya que muchas de nuestras decisiones están motivadas por la tonalidad de un producto y sin ir más lejos, son numerosas las ocasiones en que elegimos un objeto en función de su color porque nos causa aceptación o rechazo. Los colores nos producen impresiones que van más allá del producto al que complementan perdiendo este relevancia. Así es como el amarillo está vinculado con la creatividad y el optimismo, el naranja con la alegría y la energía. El rojo, por su parte, aporta fuerza y se asocia con la determinación y el valor. El verde transmite equilibrio, mientras que el azul promueve la confianza y tiene un sentido de fidelidad y progreso. 

El color de un producto está escogido a conciencia para influir en los consumidores, para reclamar su atención y que sea el elegido frente a otros de la competencia que no han impactado de la misma forma en ellos. Así, nos damos cuenta de que la influencia del color es aplicable a cualquier negocio incluyendo la Industria Farmacéutica, y es que la coloración de un medicamento influye en el efecto que tiene sobre los pacientes a los que se les receta.

La tonalidad se ha convertido en un criterio de caracterización fundamental para las medicinas, que se asocia a efectos y marcas específicas. Y tal es su importancia que son muchas las personas que recuerdan la medicina que deben tomar por su color. De hecho, si un paciente es reticente a tomar una pastilla por el color, habría que cuestionarse si un cambio de aspecto lo haría más deseado. Se trata de una transformación que se debe sopesar profundamente puesto que cualquier modificación, por mínima que sea, dificultaría la adherencia terapéutica, es decir, el cumplimiento del tratamiento de acuerdo con la dosis prescrita por el facultativo. Estamos acostumbrados a relacionar los fármacos con un color determinado y, como consecuencia, un cambio exterior estimularía la confusión y podría provocar un incremento de los casos en los que el paciente olvida tomarse el medicamento, lo confunde con otros fármacos o incluso el abandono del tratamiento. 

Que la apariencia de un medicamento sea de un color u otro responde a la coloración utilizada, que no puede aplicarse de forma aleatoria. El uso de colorantes en las cápsulas de gelatina blanda está limitado en Europa por la JECFA (Joint Expert Committee on Food Additive), un comité científico internacional de expertos administrado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de la Salud, quienes determinan las cantidades de estas sustancias. Si hablamos del sector farmacéutico encontramos diferentes posibilidades de incorporar colorantes que respecto a los nutracéuticos. Luego, cada tipo de producto incorpora su propia normativa, a la que el fabricante se debe ceñir. En cualquier caso, las cápsulas permiten la posibilidad de no añadir colorante si el principio activo o el aceite que se va a encapsular ya presenta un color determinado.

A la hora de crear un fármaco entran en juego las necesidades y peticiones del cliente. En ocasiones, la tonalidad de la cápsula responde a la solicitud de coloraciones específicas del laboratorio o, por el contrario, otras veces se opta por mantener el color natural de los componentes, siempre respetando los límites establecidos.

Sin ser realmente conscientes de cómo, en nuestro día a día, nos afectan los colores, nos damos cuenta de que nuestro cerebro es capaz de generar una relación íntima y vinculante con nuestro alrededor puesto que crea emociones, ya sean negativas o positivas, a través de los colores y debido a ello, experimentamos sentimientos que condicionan nuestras decisiones y acciones. 


Alberto Fernández, departamento de marketing de HC Clover P.S.