Desde que el pasado 24 de abril, el BBVA lanzase su nueva imagen, vuelven a correr por los pasillos comentarios al respecto. Por defecto, críticos. Y es que, en general, somos más de destruir que de construir. El día que esto cambie, avanzaremos a pasos agigantados.

Pero ¿cuál es la principal diferencia entre el revuelo que se organizó entorno al cambio de logo de Zara, versus el cambio de identidad del BBVA?

Emoción vs Razón

Mientras que Zara es una marca que nos toca la piel y conecta directamente con nosotros; BBVA representa un lugar más lejano, más frío incluso, cuyo cometido principal es mantener a salvo nuestro capital. Y, por tanto, inspirarnos confianza. ¿Y es eso lo que nos inspira?

El nuevo logo de BBVA
El nuevo logo de BBVA

El objetivo del branding radica, principalmente, en iconizar la historia que queremos contar de forma eficiente. Una historia que conecte con quienes nos dirigimos. Una historia que importe a quienes se la vamos a contar.  Así que, antes de caer de nuevo en el me gusta/no me gusta, pensemos: ¿por qué lo han hecho? ¿Qué quieren transmitir con el cambio? ¿Qué quieren contarle a la gente hoy, que no le estaban contando ayer? Luego podremos valorar el cómo y, si la interpretación estética y el territorio creativo escogido está alineado con lo que atrae a sus clientes actuales y potenciales.

Tecnología e innovación

Según su comunicado oficial, la necesidad del cambio viene dado porque “en un mundo donde la digitalización y la globalidad ya son una realidad, la experiencia del cliente es el factor más importante para éxito de cualquier empresa”. Bien, aquí encontramos dos pistas clave:

  1. Digitalización. Lo que, a efectos estratégicos y estéticos, se traduce como la búsqueda de la modernidad con el fin de construir una imagen más tecnológica. Más cerca, incluso, de otras compañías que han logrado seducirnos. Los nuevos códigos cromáticos y tipográficos nos trasladan directamente a un mundo donde la palabra “innovación” es fundamental para poder avanzar.
  2. Experiencia del cliente. Es decir, desarrollar una marca para las personas. Dinámica, flexible y con personalidad, capaz de representar a todos y amoldarse a cualquier necesidad que puedan tener sus clientes.

Sencillez e iconicidad

Todo ello, desde la sencillez y la iconicidad. Dos ingredientes fundamentales en la comunicación visual para dotar de visibilidad y reconocimiento a una marca. En este caso, capitalizar sobre su tagline “Crear oportunidades”, permite desarrollar un lenguaje estético camaleónico que resulta una invitación al descubrimiento y a la creatividad. Una propuesta que busca estimular e inspirar, y así conectar con las audiencias más jóvenes. Ejercicio que otras marcas han realizado a lo largo de su historia, y que se sustenta, principalmente, gracias a la construcción de un icono sencillo, pero consistente.

Y es que la versatilidad de una marca sólo puede construirse desde la iconicidad. Por ello resulta fundamental encontrar un símbolo que represente de forma clara lo que queremos contar.

En el caso del BBVA, uno de los grandes cambios ha sido construir sobre la “A” como icono de la marca. “A” como puerta abierta a la creatividad y a las ideas del futuro. “A” como símbolo de crecimiento y solidez. La cumbre. Un ejercicio necesario para poder tener un discurso apropiable (con A) que pivote entorno a lo que lo que importe a la gente. Y es que, al fin y al cabo, el diseño es empatía.