Leía que un ejecutivo de Apple ponía a la venta una impresionante mansión donde todo estaba estrechamente conectado. Cuando abría la ducha, se encendía el calentador de toallas. La luz, las persianas, hasta el fuego de la chimenea se podían activar desde la tablet o el smartphone

Y parece que fue ayer cuando, durante una conferencia en Nueva York, una periodista sostenía en sus manos un aparato de apariencia extraña. Medía aproximadamente treinta centímetros de alto y pesaba entre uno y dos kilogramos. Tras observarlo, preguntó de forma inocente: “¿Con esto puedo llamar a mi madre aunque esté en Australia?”. Era abril de 1973 (el mismo año en el que nací…detalle) y se presentaba al mundo el primer teléfono móvil.

Sólo han pasado 42 años. Hoy en día, tener la posibilidad de comunicarnos con otra persona que está en cualquier otra parte del globo mediante un dispositivo inalámbrico nos parece una obviedad. Vivimos conectados y estamos tan acostumbrados a ello que apenas nos damos cuenta de lo que ha cambiado el mundo en el último cuarto de siglo. Pero si realizamos un análisis del avance tecnológico experimentado a lo largo de la Historia, observamos que el crecimiento no ha sido lineal (como el sentido común dicta), sino que ha supuesto una auténtica disrupción. Y todavía sigue evolucionando a un ritmo más rápido del que podemos asimilar. Y en todo este desarrollo subyace un concepto común, inherente al progreso: la conectividad.

Entendemos por hiperconectividad la interconexión de personas, lugares, organizaciones y objetos. Supone concebir el planeta como una gran red social. Sin embargo, la realidad es que actualmente dos tercios de la población total carecen todavía de acceso a Internet, según datos de Google. A la luz de este ‘reclamo’, varios players, como Facebook o Google han lanzado proyectos con el ambicioso objetivo dotar de conexión a la totalidad del planeta.

Así surge el proyecto Loon de Google, una red de globos que viajan a unos 20Km de la superficie terrestre sobre el límite con el espacio exterior y que se desplazan según las capas de viento.

El impacto en la economía global es brutal al conectar la totalidad de los habitantes de los denominados países BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y los antiguamente llamados Next Eleven – Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, Corea, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Turquía y Vietnam-, países llamados a hacer crecer y liderar la economía mundial.

La aceleración tecnológica y un mundo con personas hiperconectadas permiten dar el paso total hacia la generación de las máquinas inteligentes, pudiendo conectar los objetos entre sí y dotándolos de la capacidad de entendimiento e interpretación, cualidades pseudo humanas. Esta progresión, imposible sin el desarrollo de la tecnología 5G, va encaminada a facilitar la vida cotidiana del usuario. De este modo, en el corto plazo veremos grandes avances aplicados especialmente en el campo de la Automoción y del Hogar e, incluso, en campos más personales como el seguimiento de la Salud.

Todavía y aun viendo todos estos datos o señales, como queramos llamarlo, las organizaciones, las personas, nos preguntamos si realmente es el momento de dar el paso, si es el momento de cambiar la forma en la que hacíamos negocios o la forma en la que consumíamos, si realmente esto va a suceder o es otra burbuja cómo alguna que hemos vivido algunos… Como en mi caso ya he vivido la burbuja anterior, veo señales inequívocas y claras basadas en la tecnología disponible, —sí, sí, la disponible, la que llega hoy a nuestra casa vaya…— de que esto no hay quién lo pare, y de que no depende como en anteriores épocas de la tecnología, sino de un cambio de hábito, y estos cambios de hábito los estamos incorporando casi diariamente en nuestra forma de vida.

Si realmente queremos ser protagonistas de este cambio, no valdrá solamente con “apuntarse al carro” con mayor o menor visión, tenemos que ser nosotros los que propongamos como serán nuestros negocios en el futuro antes de que el cambio nos sitúe a la cola o en la lista de los “Si quiere subsistir, tendrá que cambiar…”.

Pepe Chamorro, CEO de Tribal Worldwide Spain