Es un individuo realmente peligroso. Paga al Estado un 70% menos que la media y sin embargo no se le puede tocar. Se mueve con total impunidad por las calles haciendo ostentación de su falta de solidaridad con una sonrisita medio idiota en la cara. Y se la puede permitir. No en vano ha sido subvencionado oficialmente para pagar menos que cualquiera de nosotros. ¿Quién es? No puedo decirlo tan pronto porque se me acabaría la columna antes de tiempo. Daré pistas.

Antes de que pasara a ser un rácano fiscal, este hombre, o mujer, soltaba de su bolsillo una media de 35 euros a la semana que iban a parar a Hacienda. Como casi todos nosotros. Pero es que dos años antes había pagado 3.000 euros de golpe, una parte para el fisco y otra para las haciendas locales. ¿Ya se imaginan de quién hablo? Todavía no. Bueno, este tipo feliz podrá acceder sin pagar a sitios en los que el resto tenemos que cotizar por tiempo de estancia. ¿Ya?

Hablo del primer comprador de un coche eléctrico. Ahora que se habla de los Presupuestos del Estado, alguien debería introducir a este ciudadano en la coctelera. Sobre todo si a él le siguen unos cuantos miles y luego cientos de miles. Yo, que soy un poco enfermo de los coches, lo reconozco, cuando me enfado con el Estado, sueño que vendo mi parque móvil y le hago un agujero a Hacienda. Ahora me planteo lo mismo pero cambiándolo por un coche eléctrico.

Bromas aparte, ¿se habrán planteado el señor Sebastián y la señora Salgado que cuantos más coches eléctricos subvencionen, menos dinero van a ingresar? No estoy defendiendo la contaminación, que quede claro, me encantaría que mi ciudad se llenara de coches, motos y bicicletas eléctricos (por cierto tengo una de éstas y es una auténtica gozada: convierte a Madrid en Berlín, al menos en un aspecto).

Lo que me llama la atención es que se lancen a bombo y platillo ambiciosos planes (no sé cuantos millones de coches eléctricos en el 2015) sin explicarnos cómo se van a compensar las consecuencias no deseadas. Podríamos pensar en penalizar fiscalmente la electricidad que recarga los automóviles pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo diferenciarla de la otra? Más vale que nuestros políticos vayan pensando en la solución. Mientras tanto, si quieren que les entre la risa tonta cada vez que se suban al coche ya saben: vayan pidiendo que les reserven uno eléctrico. ¿Qué esta vez no he conseguido enlazar el tema con la publicidad? No es verdad. Todo lo anterior es un guión para el primer spot de un coche eléctrico.

David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales