Sigue adelante el trámite de la Ley General de la Comunicación Audiovisual sin que por el momento se observen posibilidades de reducir otro impacto negativo sobre la industria publicitaria. Y es que, por más que haya quedado descafeinada la ley al haberse aprobado por vía de urgencia aspectos que por su naturaleza deberían haberse integrado en ella (como la financiación de RTVE o la fusión de operadores), aún conserva un potencial destructivo importante.

Cuando apareció el primer borrador a muchos les pareció un error ingenuo, producto de la desinformación, el límite ampliado a 29 minutos por hora de contenidos comerciales (24 de publicidad más patrocinio). Pero, una vez sostenidos esos artículos por encima del criterio, no ya de la coalición de las asociaciones de sector encabezadas por la AEA, sino del Consejo de Estado, no cabe la menor duda de que se trata de una apuesta o compromiso firme del Ejecutivo.

Hay quien puede señalar que a nadie en su sano juicio se le ocurriría ocupar esos 29 minutos posibles. A esos les diríamos que echasen una miradita al panorama televisivo en muchos países latinoamericanos, como Argentina o Uruguay, donde con una limitación teórica semejante, la publicidad supera largamente al contenido en porcentaje durante el prime time. Todo es cuestión de ponerse. Y nada indica que siquiera ese límite vaya a ser respetado y mucho menos hecho respetar en el futuro. Ni siquiera las serias amenazas de sanción europea han hecho la menor mella en el aberrante statu quo por el que se incumple la legislación actual.

Las razones de todo esto se escapan al común de los observadores. O bien es otra cesión al poder de la insaciable UTECA, o bien es una estrategia maquiavélica. Con ella aparentemente se contenta a las privadas, pero, en el fondo, se está beneficiando a TVE. No sabemos si hay mentes tan preclaras a cargo de este proceso, pero sí que la cadena pública se ha convertido en líder de audiencia desde que su publicidad se ha rebajado a niveles razonables. ¿Qué ocurrirá cuando desaparezca del todo? Quizás estaremos ante la peor situación posible para las empresas españolas: una TVE líder destacada de audiencia y sin publicidad, y unas privadas híper saturadas, incapaces de salir de su estrategia de máxima ocupación y convertidas en instrumentos ineficaces para los anunciantes. No queremos ponernos apocalípticos, pero la lógica actual lleva demasiado claramente en esa dirección. Esperemos que la coalición Ni Un Minuto Más sea esta vez escuchada.