La cosa está que arde. No quiero apuntarme medallas, pero se ha producido lo que vaticinaba hace muchos meses: los grupos de comunicación (con intereses todos ellos en el mercado del libro) han cambiado de actitud, no sé si tanto como 180º, pero al menos 120º. Han dejado de hacer la guerra sucia a su archienemigo, la SGAE, que tanto dinero les detrae al año de cadenas de radio y TV, y han renegado de su tradicional mensaje de comprensión ante la piratería. Incluso algunos piensan que han empezado a jalear a sus más conocidos columnistas para que entren en la discusión.

 Yo no soy exactamente de esa opinión, más bien pienso que todos ellos son, además de columnistas, escritores y se dan cuenta de en qué medida les puede afectar este asunto. ¿En qué medida? En la misma en que se vendan e-readers (el MP3 del libro) durante esta campaña de Navidad y de ahí en adelante. Es bonito darse cuenta de cómo cambia la perspectiva cuando la industria afectada pasa de ser ajena a propia.

Cuando los perjudicados eran el cine y la música, los precios de CD´s y DVD´s eran carísimos y la culpa de todo residía en la avaricia de los estudios y los sellos, mientras que la solución estaba en que buscasen nuevos modelos. Cuando es la propia, los libros parecen tener el precio justo y es imposible inventar ningún modelo cuando tu producto se distribuye ilegalmente a coste cero. Los medios han contribuido a crear un Frankstein que se ha vuelto contra ellos y pararlo se antoja imposible.

Por un lado han fomentado el todo vale con su guerra sucia a la SGAE, su posicionamiento en el tema del canon y su actitud displicente ante la piratería. Por otro, los gobiernos han preferido dejar que se pudra en el cajón un problema tan incómodo.

Como consecuencia, hay dos generaciones de españoles piratas que no sólo carecen de conciencia de estar robando, sino que defienden su derecho sobre la obra ajena. Para remate, y ante la pasividad del sistema, jueces incluidos, las empresas ilegales se han forrado y disponen de muchos medios para hacerlobby subterráneo –les aseguro que lo hay- soliviantando a las masas desde la red. Y lo hacen mejor que nadie. Les han bastado unas horas para que el presidente, éste si, dé un giro de 180º a sus intenciones reguladoras.

Y otro tema preocupante: incluso las organizaciones empresariales intentan salir en la foto con una cara amistosa hacia los piratas, incluida alguna del sector que ha tenido luego que correr a arreglarlo. A veces tener razón, ni agrada, ni sirve de nada.


David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales