Los apartamentos del edificio estaban empezando a arder. Al parecer, un defecto en las tuberías estaba provocando que el incendio avanzase lentamente de un apartamento a otro a través de ellas. La comunidad de propietarios se encontraba reunida de urgencia en el sótano. Los bomberos habían explicado que para parar el incendio lo mejor era cerrar el paso al gas en las viviendas que aún no estaban afectadas.
-- Si hacemos eso, no podremos ducharnos con agua caliente, ni cocinar, ni permanecer calientes en nuestros hogares. El resto podéis hacer lo que queráis, pero yo no pienso quedarme sin gas-- dijo un vecino con bigote del bloque B, lo que no extrañó a nadie, porque siempre se oponía a cualquier acuerdo de la comunidad desde que no le dejaron hacer un agujero en una ventana de la fachada para instalar un aparato de aire acondicionado.
-- Yo tengo tres hijos y, como comprenderéis, no voy a permitir que cojan la gripe A-- expuso un ama de casa que vivía en el C. Los tres niños en cuestión estaban en la calle hasta altas horas de la noche berreando cuanto podían sin, al parecer, sucumbir a virus alguno.
-- Yo no entiendo por qué tenemos que creer al primer bombero que nos da un informe. A mí me parece que aquí hay gato encerrado. ¿Y si es una estrategia de la compañía de electricidad para que abandonemos el gas?-- argumentó un abogado que vivía en el bloque E, el más alejado del incendio. Sus palabras fueron recibidas con un murmullo de aprobación.
-- Propongo que pidamos un nuevo informe a otro parque de bomberos y que nos reunamos aquí de nuevo el mes que viene --expuso el presidente con evidentes ganas de terminar la reunión y así poder ver el partido de fútbol. A la mayoría de la gente le pareció que esa solución era la más sensata. Pero antes de que se aprobara surgió una voz.
-- No puedo creer lo que estoy oyendo. ¿Vamos a irnos a casa mientras arde un apartamento tras otro?-- preguntó una joven. -- Bueno --dijo el presidente-- aquí no se ha oído la opinión de ningún afectado. -- Es normal. ¡Están apagando el fuego! Si estuvieran aquí, nos implorarían que desconectásemos el gas. --Tú no te preocupas por ellos, sino porque vives muy cerca de las llamas-- replicó uno que se dedicaba a espiar a todos desde su ventana con un catalejo.
-- ¿No sois capaces de entender -prosiguió la joven- que todas nuestras casas van a arder una a una si no hacemos algo? ¿No comprendéis que no cabe discusión, sino una carrera para ver quien llega antes a cerrar el gas? -- Es posible que tengas razón --replicó el presidente-- pero también que no la tengas y que los bomberos estén equivocados. Yo sólo digo esto: esperemos a ver qué ocurre. Y así sucedieron las cosas en esa comunidad de un pequeño planeta del Sistema Solar. Al parecer, antes era azul.
David Torrejón, director editorial de Publicaciones Profesionales