Los estudios más recientes acerca del consumo televisivo (Pew Center Reserch y NiemanLab) son muy reveladores. La televisión sigue siendo el medio más utilizado para acceder a contenidos informativos gracias al segmento demográfico de mayores de 50 años. Los jóvenes (18-29) rebajan la cifra de uso del medio televisivo al 38% mientras elevan Internet al 73%.

Por tanto, para predecir el futuro de la pequeña pantalla hay que atender al comportamiento de todas las pantallas. Netflix ha duplicado en el último año el número de suscriptores, de 1,16 a 2,04 millones, según los datos arrojados por el panel de hogares de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Le siguen como competidores HBO, Movistar –en su calidad de plataforma y productora de contenidos- Amazon Prime, Filmin, Rakuten o la recién creada FlixOlé. Otro dato que evidencia el avance del VOD (vídeo bajo demanda) es el resultado económico de las plataformas de pago que, por primera vez, y según la CNMV, superan en volumen de negocio a la televisión tradicional. La “paquetización” de los contenidos de operadores como Movistar, Vodafone u Orange ha permitido incrementar sus ingresos en un 14%, al cierre de 2017, frente al año anterior.

En cuanto al uso de plataformas de vídeo, el Informe Anual de Vídeo Online 2018 publicado por IAB Spain, otorga a YouTube un 84%, seguido de Facebook/Instagram con un 26%, Netflix con un 25%, Atresmedia con un 23%, Mediaset España con un 18% y RTVE con un 17%. Conviene tener en cuenta que, en inversión publicitaria y según el Informe InfoAdex 2018, aunque la televisión sigue siendo el primer medio tradicional por volumen de negocio (40% del total), los medios no tradicionales suponen un importante riesgo para el statu quo televisivo.

Por tanto, el tipo de contenido probablemente condicione no solo su consumo sino la vía por la que se consuma. Así, en cuanto a la información, la televisión, como ventana tradicional, gozará de la lealtad de un público cautivo durante, al menos, una década más. Sin embargo, en la ficción y el entretenimiento, como las divisiones más cotizadas del negocio audiovisual, confluyen también realidades diversas.

En entretenimiento, por su parte, el gran desafío se sitúa en la relevancia del propio contenido y en que los espectadores sean capaces de localizarlo entre la extensa oferta de plataformas y canales. Precisamente por este motivo, muchos profesionales del sector apuestan por una máxima que no siempre ha imperado en la industria televisiva: “producir menos pero mejor”. Además, combinar nuevos formatos y nuevas narrativas para atraer a nuevas audiencias. Para ello, los logaritmos de identificación de tendencias pueden ser un instrumento de gran ayuda siempre que no resulten indispensables en la determinación de los contenidos que se produzcan.

Paralelamente, la nueva segmentación de la ficción ha conectado con nuevos públicos y generado nuevas necesidades. La cuestión para los operadores tradicionales de televisión es cómo monetizar a corto plazo los ingentes esfuerzos económicos de estas producciones, habida cuenta de que el espectador es cada vez más reacio a la imposición horaria de la parrilla. Se han constatado casos de series de ficción cuya repercusión en plataformas fue mucho más exitosa que su emisión lineal.

El futuro de la televisión no está en juego, lo está el resultado del aprovechamiento de los nuevos modos de consumo audiovisual. Nunca se ha producido tanto contenido como ahora y probablemente nunca haya generado tanto interés. Los canales en abierto tienen en el horizonte más cercano algunos retos a los que dar respuesta; la revisión de su valor diferencial, la amortización de su hemeroteca, y la orientación y monetización de su estrategia como productores de ficción televisiva, son algunos de ellos.

Ignacio Sacaluga, vicedecano de Postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales y la Comunicación de la Universidad Europea.