
Para el estudio se entrevistó a más de 4.000 consumidores en Estados Unidos, Reino Unido, España, China y Hong Kong. Nueve de cada diez aseguraron que la innovación es un elemento importante a la hora de elegir o preferir una marca. Concretamente, el 68% de los consumidores dicen estar dispuestos a pagar una media del 21% más por una marca que consideran que esté innovando.
En el caso de España, la mayoría de los encuestados (95%) indican que la innovación es importante para escoger la marca. Y son seis de cada diez los que llegarían a pagar un 17% por un producto innovador, y hasta un 23% en el caso los tecno-evangelistas, que es como en el estudio se denomina a los ‘heavy-users’ de la tecnología.
“Estos datos muestran como la innovación no ha sido reducida a una palabra de moda. Todavía tiene el poder de influir sobre la reputación corporativa y de marca e incluso para demandar un precio más alto al pasar por caja”, explica Ludi García, directora de comunicación de Ketchum Digital.
Para los españoles innovar no significa lanzar cada año una novedad, sino hacerlo en el momento en el que marca tenga un producto o servicio que realmente mejore o tenga impacto directo en su calidad de vida. En este punto la forma de comunicar la innovación cobra un papel fundamental. García lo resume en cinco puntos: “Tener claro que en innovación la credibilidad pasa por ganarse y no por comprarse, pensar en grande, el tiempo como factor para desarrollar avances importantes, tecnología frente a diseño y trabajar siempre más allá del target”.
‘Influenciadores’
El estudio da a los ‘influenciadores’ un papel significativo en la formación de percepciones acerca de la innovación de la marca. A la hora de buscar información sobre innovación los consumidores recurren a críticas profesionales (56%), artículos en prensa (52%), consejos de amigos o miembros adultos de su familia (48%) y plataformas sociales (37%). En el caso de España es significativo como las redes sociales son sólo fuente de información y consulta para los públicos más jóvenes, mientras que los mayores de 35 siguen apostando por fuentes offline.