
Pablo Torrecillas, director de oportunidades de mercado e innovación y cualitativo en GfK España, señaló la importancia de conectar emocionalmente con el consumidor para conseguir el éxito de una marca. Para alcanzar ese vínculo, defendió el uso de la biometría y el neuromarketing como instrumentos capaces de medir emociones, algo que con los métodos tradicionales, indicó, no es posible. En concreto, centró su intervención en el análisis de la voz y la expresión facial para llevar a cabo la medición de conexión emocional.
Mariano Alcañiz, director del Instituto i3B de la Universidad Politécnica de Valencia, afirmó que el llamado botón de compra no existe, pero el neuromarketing sí puede analizar de forma científica el comportamiento cerebral a la hora de tomar decisiones. También defendió la conveniencia de que las pequeñas empresas implanten esta herramienta para seguir la estela de las grandes compañías, que llevan años utilizándola. E insistió en que debe ser tratada con rigor científico y propuso la aplicación de tecnologías virtuales para completar esta disciplina.
Por último, Jaime Guixeres, coordinador científico del LENI, se centró en la aplicación práctica del neuromarketing. Confirmó la posibilidad de conocer los niveles de atención, vinculación y retención de un contenido visual. Matizó que no existe “un índice de medida sobre estos niveles, pero sí se puede dar información sobre qué contenido generará más atención". Asimismo, enfatizó en la ineficacia que genera ofrecer el mismo contenido a todos los perfiles y esperar una misma respuesta, y señaló la diferenciación a partir del target como opción correcta. Apuntó, además, a la estimulación sensorial y la interactividad como los aspectos que más influyen en la toma de decisiones del consumidor.