
La destrucción provocada por la crisis ha sido demasiado intensa, se indica en el informe, con lo que los consumidores no solo no han recuperado los niveles de bienestar de 2008, sino que “una considerable cantidad de hogares vive por debajo de su nivel anterior”, con lo que las dosis de frustración son importantes.
Pero se ha llegado a un punto en la que la situación se ve estable, y, por tanto, se empiezan a recuperar ciertos comportamientos anteriores a la crisis. En concreto, el estudio de Millward Brown señala dos: el incremento del gasto en entretenimiento (cine, teatro, bares, restaurantes, etcétera) y un incipiente aumento de la actividad financiera en términos de préstamos o hipotecas, que vuelve a ser una posibilidad para hogares con la economía saneada.
Sin embargo, el informe señala que la inestabilidad política tras las anteriores elecciones y la falta de gobierno ha afectado negativamente a la visión global de la economía (no mucho, matiza), pero más a la opinión sobre la situación del país y de la economía, que a los comportamientos.
Marcas
La percepción sobre las marcas ha cambiado, indica el informe. La hegemonía de las marcas de la distribución ha disminuido, mientras retorna poco a poco la confianza en las marcas de los fabricantes.
Un indicador que sintetiza lo anterior: el 72,9% de los entrevistados considera que lo más inteligente es mantener los niveles de consumo. Mientras que en 2015 el 30% consideraba que tendría o que habría que reducir esos niveles de consumo, en mayo de este año este porcentaje ha caído hasta el 17,1%.