La inteligencia artificial ha dejado atrás la fase experimental en las empresas europeas, pero su integración avanza a velocidades muy diferentes según el país. Mientras el 76% de las compañías británicas forma ya a sus empleados en IA, el porcentaje se reduce al 52% en España y Alemania y al 47% en Francia. Es una de las conclusiones de la segunda edición del "Barómetro IA: Empresa y Sostenibilidad", elaborado por el instituto AI for Sustainability de ESSCA School of Management en colaboración con Forvis Mazars.

El estudio, realizado entre 826 profesionales de IT y digital de España, Francia, Alemania y Reino Unido, sitúa al mercado británico claramente por delante en términos de madurez empresarial. El 84% de sus compañías dispone ya de personal o equipos específicos para gestionar la IA, frente al 60% de España, el 59% de Alemania y el 58% de Francia.

Esta ventaja se refleja también en la percepción del retorno. El 72% de las empresas británicas considera que la IA ya ha beneficiado a su rendimiento, frente al 55% de las alemanas, el 49% de las francesas y el 47% de las españolas. Además, un 74% de las compañías de Reino Unido prevé seguir aumentando su inversión, porcentaje que baja al 54% en España y Francia y al 52% en Alemania.

España invierte, pero todavía busca convertir la IA en retorno

España presenta, sin embargo, algunos de los indicadores de adopción más elevados. El 77% de las compañías españolas ha invertido ya en sistemas de gestión de datos, solo por detrás del Reino Unido (93%) y por encima de Francia (72%) y Alemania (66%). Además, es el mercado donde el estudio identifica una mayor proporción de empresas con más de diez sistemas de IA en funcionamiento.

Parte de esta inversión responde, no obstante, a la presión competitiva. El 48% de las empresas españolas reconoce haber invertido para asegurarse de “no perder el tren” de la IA, el porcentaje más elevado de los cuatro mercados analizados. Solo un 18% señala como punto de partida una necesidad previamente identificada. El miedo a quedarse atrás alcanza el 40% en Alemania, el 37% en Reino Unido y el 36% en Francia.

“La IA se está convirtiendo rápidamente en una infraestructura cotidiana dentro de las empresas. El siguiente reto es conseguir que esta velocidad de adopción venga acompañada de una mayor madurez en la toma de decisiones, con casos de uso vinculados a necesidades concretas, una gobernanza clara y capacidad para medir sus resultados”, señala Dejan Glavas, profesor de Finanzas e IA de ESSCA y director del instituto AI for Sustainability.

España también obtiene mejores resultados que Francia y Alemania en conocimiento regulatorio. El 32% de las compañías españolas declara tener un conocimiento elevado del AI Act, frente al 23% de las alemanas y el 19% de las francesas, aunque por debajo del 37% de las británicas. Además, un 39% cuenta con directrices éticas formalizadas para utilizar IA, frente al 35% de Alemania y el 34% de Francia. Reino Unido vuelve a situarse muy por delante, con un 70%.

La IA entra en el día a día más rápido que su control

La IA generativa ya forma parte de las tareas cotidianas de buena parte de las organizaciones. Los modelos de lenguaje empleados para resumir documentos, transcribir reuniones o ayudar a redactar correos se utilizan, con distinta intensidad, en alrededor del 91% de las empresas británicas, el 82% de las españolas, el 80% de las francesas y el 66% de las alemanas.

También está creciendo su peso en el desarrollo de software. Entre las empresas que programan, entre el 46% y el 51% de las compañías de España, Francia y Alemania confía ya al menos una cuarta parte de su código a herramientas de IA. En Reino Unido, el porcentaje alcanza el 74%.

Los agentes autónomos empiezan igualmente a dar el salto de los proyectos piloto a la producción. Reino Unido presenta de nuevo la mayor penetración, aunque cerca de la mitad de las empresas de los tres países de la UE estudiados ya los utiliza o está experimentando con ellos.

En paralelo, se extiende el denominado Shadow AI, es decir, el uso por parte de los empleados de herramientas de inteligencia artificial sin aprobación o supervisión corporativa. Francia destaca por la extensión del fenómeno, ya que un 20% de las empresas considera que se trata de una práctica generalizada, frente a alrededor del 10% en los demás países. España, sin embargo, es el mercado donde existe una mayor tolerancia hacia este comportamiento: alcanza al 30% de las compañías.

“España muestra una combinación especialmente interesante. Cuenta con una infraestructura tecnológica sólida y un nivel de conocimiento regulatorio superior al de Francia y Alemania, pero todavía existe una distancia importante entre utilizar IA y gobernarla de forma integral. El Shadow AI, la medición ambiental o la soberanía de los datos muestran dónde estarán algunos de los próximos desafíos”, añade Glavas.

La sostenibilidad, asignatura pendiente en España

La brecha resulta especialmente visible al analizar el impacto ambiental. Mientras el 61% de las empresas británicas controla el consumo energético de sus sistemas de IA, únicamente lo hace el 24% de las francesas, el 20% de las alemanas y el 13% de las españolas.

Algo similar ocurre con las emisiones asociadas a estas tecnologías. El 48% de las compañías británicas las mide, frente al 21% de las francesas, el 16% de las españolas y el 14% de las alemanas.

La soberanía digital tampoco ocupa todavía un lugar prioritario en las decisiones de las compañías españolas. Aspectos como el origen geográfico del proveedor, la ubicación de los datos o el control de las infraestructuras son considerados importantes o una exigencia por el 46% de las empresas británicas y el 35% de las francesas y alemanas, pero únicamente por el 24% de las españolas.

En conjunto, el Barómetro IA 2026 dibuja un escenario en el que la adopción empresarial de la inteligencia artificial avanza con rapidez, pero no necesariamente al mismo ritmo que la formación, la gobernanza o la medición de sus resultados. En el caso español, los datos muestran una elevada implantación tecnológica y una sólida infraestructura de datos, aunque todavía existe margen para transformar esa adopción en usos más estratégicos, controlados y medibles.

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