Este estudio concluye que los consumidores tienen la idea de que la espiral destructiva se ha detenido, pero también que hay un nuevo modelo social muy agresivo.


Según sus resultados, el consumo crecerá en los próximos meses en hostelería, turismo, entretenimiento, pequeñas aficiones, equipamiento del hogar (electrodomésticos, ordenadores, equipos móviles) y coches. Parece que se abrirá el mercado de reformas en las viviendas y de muebles. La vivienda sigue sin ser un mercado que implique a amplias capas sociales, se detecta que es una oportunidad, pero las transacciones se limitan a “oportunidades”. Sigue la alergia a hipotecas y compromisos a largo plazo. No es sólo que los bancos no quieran dar créditos es que la sociedad no los quiere pedir. El área de incertidumbre en el empleo y en los ingresos se ha extendido mucho y la sociedad se está polarizando con sectores que no han salido de la crisis. Dicho de otra forma: cerradas las expectativas de mejora en el nivel de vida, el gasto se desplaza a pequeños consumos gratificantes. Será una fase de expectativas limitadas.


Marcas de la distribución sólidas


Simbólicamente es relevante la reactivación de las marcas fabricantes y de la idea de que es bueno comparar entre varias marcas. Las marcas de la distribución continuarán sólidas, pero su centro de gravedad se desplazará más a los sectores de clases medias y bajas. Es interesante observar los recientes flujos de consumidores que regresan al uso de las aerolíneas “tradicionales” en detrimento de las “low cost” donde la experiencia de consumo empieza a cuestionarse.


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