Foto hecha con IA
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La Generación Z está cambiando profundamente la forma de entender la hostelería en España. Lejos de los tópicos que la describen como una generación ahorradora o desinteresada por salir a comer, los jóvenes de entre 17 y 30 años han convertido la restauración en una partida fija de su economía y en un espacio clave de socialización. Así lo confirma el estudio “Así come la Gen Z. Una generación que busca lo auténtico transforma la hostelería”, elaborado por la consultora generacional Mazinn junto a Ansón+Bonet, especializada en aperturas de restaurantes.

Menos alcohol y más consciencia

El informe, basado en 600 encuestas y 12 entrevistas a expertos y directivos del sector, muestra que el 42,5% de los jóvenes acude a bares y restaurantes entre dos y tres veces por semana, y que el 66% gasta entre 8 y 19 euros por servicio. Comer fuera, concluye el estudio, ha dejado de ser un capricho para convertirse en un hábito cotidiano.

Uno de los grandes cambios detectados es la redefinición del concepto de bienestar. Para casi la mitad de los encuestados (46,17%), comer sano significa consumir alimentos de calidad, frente a apenas un 3,83% que relaciona la salud con contar calorías. La Generación Z desplaza así el discurso “light” y pone el foco en ingredientes reales, trazables y poco procesados. El verdadero enemigo, señalan los autores del informe, ya no es la grasa o el hidrato, sino el ultraprocesado.

El consumo de alcohol también entra en una nueva fase. El 26,3% asegura no beber en comidas o cenas, y el 38,7% afirma que no lo necesita para divertirse. Cuando se consume, prima la calidad sobre la cantidad: uno de cada cinco jóvenes prefiere una sola copa premium frente al consumo continuado.

Entre semana, cuando comer fuera responde más a la necesidad que al ocio, el supermercado emerge como un competidor directo de la restauración rápida. El 16,5% de los jóvenes recurre a comida preparada del retail alimentario, una cifra muy similar a la del menú del día (17,4%) y la comida rápida (17,4%). El estudio advierte de que el fast food está perdiendo su histórica ventaja en precio frente a la eficiencia logística y la percepción de mayor control del producto que ofrece el supermercado.

Tecnología sí, pero sin sustituir a las personas

Pese a ser nativos digitales, los jóvenes priorizan claramente el trato humano. El 58% prefiere el servicio en mesa tradicional frente a sistemas como el QR, los kioscos de autoservicio o las apps. De hecho, los dos principales motivos para no volver a un local son la mala relación calidad-precio (76,5%) y el mal servicio (75,8%), muy por encima de cualquier carencia tecnológica. La conclusión es clara: la tecnología debe eliminar fricciones, no sustituir la experiencia humana.

La forma de elegir dónde comer también ha cambiado. TikTok se consolida como el principal motor de búsqueda gastronómica para la Gen Z (56%), por delante de Google Maps (28%). El 77% concede máxima importancia a las reseñas positivas y el 66% descarta directamente un local por críticas negativas. Además, casi la mitad considera una falta de honestidad que los restaurantes oculten precios o cartas en redes sociales y webs. La transparencia, subraya el informe, se ha convertido en un requisito básico.

Más allá de los datos, el estudio identifica una tensión constante en el consumo gastronómico joven: entre lo nuevo y lo conocido, lo estético y lo auténtico. De ahí surgen dos grandes movimientos que conviven en un mismo consumidor. El primero, denominado Newstalgia, apuesta por el descubrimiento, la estética y los platos visuales impulsados por TikTok. El segundo, Back to Basics, busca refugio en la cocina tradicional y los locales “de toda la vida”, donde la comida auténtica y la recomendación del entorno cercano son clave.