Los consumidores españoles afrontan el otoño con cautela y pocas señales de que el gasto vaya a reactivarse en los próximos meses. La incertidumbre sobre la economía, el estancamiento de las expectativas de ingresos y una mayor preocupación por los precios están frenando la disposición al consumo de los hogares.

Así se desprende de la última edición del GfK NIM Euro Clima de Consumo, que analiza mensualmente las percepciones de los habitantes de 29 países europeos. El estudio muestra que la lenta recuperación de la confianza que se apreciaba antes del verano ha perdido impulso y dibuja un escenario de contención tanto en España como en el conjunto de Europa.

En España, la disposición al consumo cerró agosto en -20 puntos, exactamente el mismo nivel registrado en junio. Durante julio se produjo una pequeña recuperación, hasta -17 puntos, pero el indicador volvió a retroceder al terminar el verano.

GfK considera que estos datos confirman que el consumo continúa lejos de reactivarse. La incertidumbre económica y geopolítica, junto con el escepticismo sobre la evolución de la economía española y de los ingresos familiares, está haciendo que los hogares eviten plantearse grandes desembolsos para los próximos meses.

España ocupa, además, la posición 22 entre los 29 países analizados en disposición al gasto, después de situarse en el puesto 18 en junio. Entre las grandes economías europeas, Reino Unido (-8), Alemania (-10) e Italia (-15) presentan mejores registros. El conjunto de la UE se encuentra, al igual que España, en -20 puntos.

La confianza en la economía mejora, pero muy lentamente

Las expectativas sobre la evolución de la economía española tampoco ofrecen señales de una recuperación contundente. El indicador cayó en abril hasta los -30 puntos y, cuatro meses después, únicamente ha recuperado cinco, hasta situarse en -25 puntos al cierre de agosto.

La evolución es más lenta que en otras grandes economías europeas. Desde abril, Alemania ha ganado diez puntos y termina agosto en -4, mientras que Reino Unido ha avanzado 25 puntos en ese periodo y se sitúa en -9. Italia (-30) y Francia (-34) continúan en niveles muy negativos, aunque desde abril han mejorado 16 y 18 puntos, respectivamente.

Esta evolución ha provocado que España pierda posiciones entre los países estudiados: ha pasado del puesto 14 en marzo al 22. La desconfianza, no obstante, se extiende al conjunto del continente, donde el indicador de expectativas económicas se sitúa en -20 puntos.

Los hogares tampoco confían en una mejora clara de sus ingresos

Las expectativas sobre los ingresos familiares muestran una evolución similar. El indicador español terminó agosto en -5 puntos, apenas dos más que en junio. En marzo todavía se encontraba en terreno positivo, pero la caída registrada en abril lo llevó a -11 y desde entonces no ha logrado recuperarse por completo.

España ocupa actualmente el puesto 17 en este indicador, frente al undécimo que alcanzó en junio, aunque su registro continúa siendo mejor que la media de la UE, situada en -10 puntos.

Otros grandes mercados europeos muestran una recuperación más rápida. Reino Unido (+6) y Alemania (+2) han regresado a valores positivos, mientras que Francia se sitúa en -13 e Italia continúa en -38.

Vuelve la preocupación por los precios

A este escenario se suma un deterioro de las expectativas sobre la evolución de los precios. Tras una cierta mejora en junio, la percepción volvió a empeorar durante julio y agosto. Los consumidores españoles terminan así el verano sin confiar en una estabilización de los precios durante los próximos meses.

La tendencia también se observa en el conjunto de la Unión Europea y en mercados como Alemania y Francia. Según el informe, las previsiones de precios vuelven a aumentar en Europa, reflejando una mayor preocupación ante una posible escalada de la inflación.

En conjunto, los datos dibujan un otoño marcado por la contención del gasto. La confianza económica avanza lentamente, las expectativas de ingresos apenas mejoran y los consumidores siguen mostrando cautela ante la evolución de los precios, un escenario que mantiene la disposición al consumo en niveles negativos.