
Lo que comenzó como un problema logístico acabó convirtiéndose en una demostración inesperada de propósito de marca. La atleta francesa Lucille Germain, integrante del equipo NNormal, se proclamó vencedora de la Cursa Tomir, una de las pruebas de trail running más exigentes del calendario europeo, corriendo con unas zapatillas de segunda mano.
Diseñar productos pensados para durar
Germain había llegado a Mallorca la semana pasada para disputar la competición cuando la aerolínea le comunicó que su equipaje no había llegado con ella. Entre el material extraviado se encontraban sus zapatillas de competición, un elemento clave para cualquier atleta de alto rendimiento y, más aún, en una carrera de montaña.
Con la prueba a pocos días vista y sin margen para recibir nuevo material, el equipo evaluó distintas alternativas. La solución final fue tan sencilla como poco habitual en el deporte profesional: recurrir a unas zapatillas usadas. A través de la plataforma Wallapop localizaron un par de NNormal Kjerag 01, talla 42, que ya habían acumulado varios cientos de kilómetros y que buscaban un nuevo dueño.
Lucille Germain pudo probar las zapatillas únicamente el día previo a la carrera. Aun así, decidió tomar la salida con ellas en un contexto especialmente adverso. La Ronda Cuculla, distancia incluida dentro de la Cursa Tomir, se celebró el 29 de marzo en Pollença bajo condiciones meteorológicas extremas. Una nevada nocturna cubrió la cima del monte Tomir y los fuertes vientos redujeron la sensación térmica hasta los –2 °C en la salida. Por motivos de seguridad, la organización se vio obligada a retrasar el inicio de la prueba hasta las 10:30 horas.
En ese escenario invernal, la atleta francesa logró imponerse en la distancia de 17 kilómetros y 700 metros de desnivel positivo, cruzando la meta con un tiempo de 1 hora y 30 minutos. Su registro rebajó en quince minutos el tiempo marcado por la ganadora de la edición anterior, confirmando una victoria tan sólida como simbólica.
Tras la carrera, las zapatillas fueron enviadas al servicio de reparación de NNormal para ser resoladas y prolongar todavía más su vida útil. Un gesto coherente con la filosofía de la marca, que apuesta por la durabilidad, la reparabilidad y la reducción del impacto ambiental frente a la lógica del “usar y tirar”.
“La experiencia dejó una demostración tangible de uno de los principios fundamentales de NNormal: diseñar productos pensados para durar”, explican desde la marca.