
McDonald’s ha encontrado en uno de los objetos más ignorados de la oficina —la impresora— el medio perfecto para activar el antojo. Con la campaña “Office delivery”, la marca redefine cómo conectar con un público que, cada vez más, come frente a su ordenador.
Una ejecución simple pero directa
Desarrollada junto a TBWA\Paris, la iniciativa parte de una observación sencilla pero poderosa: una de cada cuatro comidas se realiza en el entorno laboral. Sin embargo, la mayoría de las marcas sigue enfocando sus estrategias en el delivery a domicilio, pasando por alto el contexto real en el que millones de personas consumen a diario.
Frente a esto, McDonald’s decide cambiar el enfoque y llevar su comunicación directamente al lugar donde ocurre el momento de consumo: la oficina. Así nace una campaña en la que impresoras, escáneres y correos corporativos se convierten en soportes creativos.
La ejecución destaca por su simplicidad. Productos icónicos de la marca fueron colocados sobre el cristal de una fotocopiadora y escaneados como si fueran documentos de trabajo. El resultado son imágenes que se integran de forma natural en el lenguaje visual de la oficina: archivos, copias o documentos listos para imprimir que, en realidad, despiertan el apetito.
Más allá de la estética, la clave del proyecto está en su capacidad para adaptarse al comportamiento real del consumidor. En lugar de interrumpir, la campaña se inserta de manera orgánica en la rutina diaria, apareciendo justo entre correos, reuniones y tareas pendientes.




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