¿Qué estabas haciendo profesionalmente en 2006?

En 2006 estaba dando mis primeros pasos profesionales y, sobre todo, en plena etapa de aprendizaje. Era un momento de ir rápido, escuchar mucho y entender que el marketing no iba solo de hacer campañas bonitas, sino de entender al consumidor y generar negocio.

¿Cuál fue esa campaña que no olvidas (para bien o para mal)?

Siempre me viene a la cabeza la campaña de BMW “¿Te gusta conducir?”. Me pareció brillante porque partía de una idea muy simple basada en un insight muy claro: el placer de conducir. Convirtió esa sensación en algo universal y emocional, hasta el punto de que no necesitaba ni enseñar el coche para conectar. Y, sobre todo, consiguió algo muy potente: convertir un gesto cotidiano (la mano fuera de la ventanilla jugando con el aire) en un símbolo completamente asociado a la marca.

¿Qué tendencia seguiste en tu juventud que hoy te da vergüenza?

Como muchos de mi generación, confundí durante un tiempo “modernidad” con “complicar demasiado las cosas”. También hubo una época de PowerPoints recargados, anglicismos innecesarios y reuniones donde parecía que si algo no sonaba muy sofisticado no era estratégico. Hoy pienso justo lo contrario: lo difícil es hacerlo simple.

Si pudieras enviar un WhatsApp a tu "yo" de hace 20 años, ¿qué le dirías?

“Tranquilo: no tienes que tener todas las respuestas tan pronto. Escucha más, compara menos y no confundas velocidad con impacto. Y aprende cuanto antes que las marcas crecen mejor cuando entienden de verdad a las personas”.

¿Qué objeto o gadget echas de menos de aquella época?

Echo de menos el móvil con teclado físico. Tenía algo fantástico: te obligaba a pensar antes de escribir. Y también había una relación más sana con la tecnología; servía para ayudarte, no para invadirte cada minuto. En 2006 convivían referencias como los Nokia de la serie N y el impulso profesional de BlackBerry, que a mí personalmente me encantaba.

¿Cuál ha sido tu ‘tierra trágame’ en tu carrera profesional?

Recuerdo una presentación en la que llevaba una idea con muchísima convicción y me di cuenta en directo de que faltaba un dato clave… Es de esos momentos que te vacían por dentro durante diez segundos, pero luego te recompones, buscas una salida y sigues adelante. Te enseñan algo valiosísimo: la intuición y la ilusión son fundamentales, pero llevar la información correcta que te ayude a transmitir tu idea es igual de importante.

Si el marketing fuera una película, ¿cuál sería el título de tu vida?

Me quedo con “The Martian”. Por esa idea de no rendirse, de ir resolviendo problemas con lo que tienes y ser creativo en la búsqueda de soluciones. Y, además, en nuestro caso, tiene un punto especial porque nuestra última campaña de Schweppes precisamente ocurre en Marte… así que casi es más realidad que ficción.

¿Cuál es la palabra de moda actual que prohibirías en tu equipo?

“Disrupción”. Un término cada vez más recurrente, pero no siempre bien entendido ni aplicado con el rigor que requiere. Prefiero hablar de relevancia, diferenciación y crecimiento.

Tu superhéroe del marketing: ¿A quién (vivo o muerto) contratarías como tu mano derecha hoy mismo?

A Steve Jobs. No por el mito, sino por su obsesión con la claridad: entender muy bien al consumidor (o el usuario en su caso), simplificar hasta el extremo y convertir una propuesta en algo deseable. Esa mezcla de visión, foco y exigencia sigue siendo muy difícil de igualar.

¿Qué es lo que más te quita el sueño antes de un lanzamiento importante?

Que todo esté impecable por dentro, pero que no conecte de verdad por fuera. Antes de un lanzamiento me preocupa especialmente una cosa: que hayamos enamorado a la organización, pero no lo suficiente al consumidor.

Completa la frase: “Un buen director de marketing nunca debería…”

…perder el contacto con la realidad del consumidor ni enamorarse más de su presentación que del problema que quiere resolver.

¿Qué es lo más divertido que haces con tu asistente de IA?

Me encanta ponerle pruebas complicadas: desde buscar conceptos diferenciales hasta coger propuestas muy complejas y simplificarlas al máximo. Últimamente, además, la uso mucho para trabajar ideas y ayudarme a visualizarlas mejor, ya sea a través de imágenes o vídeos. En el fondo es una herramienta brutal y creo que todavía estamos solo empezando a entender todo su potencial.

¿En qué red social crees que NO estaremos dentro de 5 años?

Creo que perderán relevancia aquellas plataformas o tendencias que no aporten un valor real y se queden en lo superficial. A largo plazo, solo perduran las que construyen utilidad, credibilidad y conexión significativa con las personas.

Si te dieran presupuesto infinito, pero solo para UNA acción, ¿qué harías?

Invertiría en construir una plataforma de marca con impacto real en cultura y negocio a largo plazo, no en una acción aislada de fuegos artificiales. Si solo puedes hacer una cosa, que sea una gran idea capaz de generar recuerdo, conversación, prueba y consistencia durante años.

¿Cómo te gustaría que recuerden tu paso por la industria?

Como alguien que ayudó a hacer marcas más relevantes y equipos mejores. Si además se recuerda que combiné exigencia con cercanía, estrategia con sentido común y ambición con humanidad, me doy por satisfecho.

Define los últimos 20 años del marketing en una sola palabra.

Aceleración.

Si te invitaran a una fiesta de disfraces temática de "Iconos de la Publicidad", ¿de qué irías vestido/a?

De Don Draper, seguro, pero con más datos y menos show off. La estética tiene su punto, pero me quedo con la parte interesante: la obsesión por encontrar una verdad humana detrás de una marca.

¿Cómo reaccionarías si alguno de tus hijos se dedicara al marketing?

Con una mezcla de orgullo y advertencia. Orgullo, porque es una profesión apasionante; advertencia, porque es exigente, cambiante y te obliga a aprender siempre. Les diría que adelante, pero que entren sabiendo que esto va mucho más de entender a las personas que de perseguir tendencias.

En tus reuniones con el equipo, ¿qué no puede faltar?

Contexto, honestidad y una buena dosis de sentido del humor. Cuando la gente entiende el “para qué” y siente que puede hablar claro, las reuniones dejan de ser trámite y empiezan a servir de verdad.

¿Dónde te ves dentro de 20 años?

Me gustaría seguir vinculado a las marcas, a las personas y a las ideas, seguramente desde un rol más de mentoría y perspectiva. Menos urgencia, más criterio. Menos ruido, más valor.